Los viajes del dictador Francisco Franco

Por: Viko Likániko

Durante su vejez, en algunas películas caseras, el dictador español que actuó con impunidad y que sobrevivió a la muerte de Hitler y Mussolini se ve como un simple anciano. Incluso parece ser un abuelo protector.

Sin embargo, Francisco Franco Bahamonde, el Caudillo (o el Generalísimo, como también se le conocía) fue el hombre que se convirtió en el general más joven desde Napoleón, para dar un golpe de estado y convertirse en jefe de Estado de España, puesto designado, según él, por obra de Dios.

Este militar que estableció una dictadura conocida como franquismo, de tipo conservador, católico y anticomunista, que llevó a una Guerra Civil, nació en una comunidad conocida como El Ferrol, en La Coruña, España, un 4 de diciembre de 1892. Era hijo de Nicolás Franco y Salgado-Araújo, capitán de la Armada y de María del Pilar Bahamonde, religiosa ortodoxa que regularmente liaba con la adicción que su esposo tenía al juego, el alcohol y las mujeres.

A Franco le llamaban “Cerillita” por ser moreno. Gustaba por el estudio. Su madre, al  ser una mujer austera y católica conservadora, constantemente reprimía las emociones de Franco, pero todo indicaba que el destino le tenía algo preparado al futuro dictador.

Era el año de 1898, cuando el Imperio Español pierde en Cuba ante las tropas de Estados Unidos durante la guerra hispano-estadounidense. Si bien para Francisco, de apenas cinco años de edad fue un suceso inadvertido en ese momento, no fue así años más tarde. La reacción por esta gran derrota naval se vivió en España por años como una humillación. En los ambientes militares (El Ferrol era una ciudad con un fuerte componente militar y concretamente naval) la resistencia ofrecida por una flota obsoleta y mal pertrechada fue un acto heroico, pero la derrota, se cree, fue producto de la irresponsabilidad política.

VIAJES MILITARIZADOS

Así, a los 14 años Franco hizo su primer viaje, dejó su pueblo para llegar a Toledo, donde estudió en la Academia Militar de El Alcázar, que se caracterizaba por haber inspirado al futuro tirano mediante tres valores: honor, valor y patriotismo.

Su estatura y flaqueza física fueron criticados por los fusileros más altos y corpulentos. Apenas había logrado alcanzar el mediocre puesto 251 entre 312 cadetes. Era 1910 y descubrió que tenía que salir de España. Así, partió a Marruecos, una tierra despiadada a la que España estaba atada desde hacía siglos. En aquel remanente del antiguo imperio, allí es en donde se formaría Franco como un militar importante. Incluso adoptó la frase:  “Sin África no podría explicar lo que ahora soy”.

En aquel continente, España estaba comprometida en una incansable campaña contra rebeldes. Allí el comandante demostró sus cualidades: ser tenaz y temerario. Mantenía una fuerte y salvaje disciplina contra el fuego enemigo hasta conseguir lo que quería. Incluso había una leyenda acerca de Franco, otros militares creían que  contaba con una protección divina. Los soldados lo contemplaban como a un dios, era un personaje aislado y solitario, hasta convertirse en general en el año de 1926.

Eran los años 30 y los mandos militares adoptaban la filosofía del general que decía:

“El sacrificio por la patria, negándose a uno mismo”. Esto para el pueblo era un chiste, sobre todo en 1931, cuando la monarquía había sido derrocada y sustituida por una república.

Como todo cambio social, en esa época España era un país inestable, hasta que la tensión social explotó en 1934, cuando los mineros de Asturias se levantaron contra el gobierno. Fue como echarle gasolina al fuego. El general Franco cuestionaba cualquier tipo de democracia y, sin titubear, siguió la orden de aplastar a la revolución con mano dura. Dos mil mineros fueron asesinados y Franco fue apodado “el Carnicero de Asturias”.

EN ISLAS CANARIAS

La coalición de izquierda, en 1936, temiendo por un golpe de Estado, desterró a sus generales para incomunicarlos y así evitar que se gestara un movimiento insurgente. A Francisco Franco se le ordenó vivir en Islas Canarias. En Tenerife, el general y su familia eran vigilados por las autoridades republicanas reales, interviniendo todos sus pasos y comunicaciones.

Mientras, en la península, el malestar social dio paso a la violencia política y al odio generalizado, hasta julio de 1936, cuando los generales disidentes decidieron dar un golpe de Estado y derrocar el gobierno. Aunque Franco no quería viajar, decía que no se movería de Islas Canarias.

A contrarreloj, el líder militar aceptó de último momento, logrando escapar de Tenerife en una avioneta llamada Dragon Rapide, que fue enviada desde Gran Bretaña. Franco salió disimuladamente del hotel y llegó al avión que lo transportó a Marruecos; desde ahí movilizó a sus tropas gracias al apoyo del dictador italiano Benito Mussolini, quien le suministró aviones para realizar el primer traslado de tropas por avión de la historia para ejecutar el golpe de Estado. Se trató de una chapucera estrategia .

Cuando llegó a Sevilla, el rebelde fue recibido como salvador. Las tropas moriscas, reconocidas por su brutalidad, eran utilizadas como punta de lanza de su ejército. Aplastaron a los contrarios en Badajoz –se le llamó “la masacre de Badajoz”- y demostraron con barbarie lo que le sucedería al resto de España.

En la plaza de toros mataban a los contrarios en pequeños grupos. Fueron masacradas dos mil personas, muchos de ellos civiles, esto al mismo tiempo que se popularizaba la frase franquista: “No habrá tregua ni compromiso”.

Madrid era el objetivo principal, pero el general desvió las tropas hacia el Alcázar de Toledo. La liberación de Toledo era un tema de honor y Franco sería visto como auténtico salvador desde antes de llegar al poder, el 1 de octubre de 1936, cuando fue nombrado jefe de Estado, oscureciendo a España por 33 meses de guerra hasta casi hacerla desfallecer.

Para 1940, Franco creía tener el pueblo a sus pies con la Guerra Civil, el tímido soldado que apenas sostenía a un rifle veía su país en decadencia. Unos meses más tarde comenzaba el Reich de los mil años. Franco admiraba la ambición de Hitler. Durante la Segunda Guerra Mundial, el ahora dictador tramaba algo con el gobierno alemán. España entraría en guerra para apoyar a Alemania, pero el ministro de asuntos exteriores nazi lo desalentó al informarle que a Hitler no le interesaba lo que tenía España.

ENTREVISTAS FALLIDAS

El 23 de octubre de 1940, Franco conoció a Hitler mediante la Entrevista de Hendaya. Hitler cruzó Francia para tratar con Franco, el Generalísimo aseguraba que podía ayudarle a Alemania a posicionar al ejército alemán si España se sumaba a las potencias del Eje.

Franco era puntual, pero al aparecer ese día no sería el mejor. La cita sería a las tres y media de la tarde, y aunque partió en tren de San Sebastián (a donde Franco había llegado en automóvil desde Madrid) para llegar a la frontera francesa a tiempo, Hitler llegaría antes de la hora a la reunión. Franco, nervioso, llegó cinco minutos tarde. Para cuando descendió del vagón, Hitler y Von Ribbentrop le esperaban al pie de la escalerilla. Los líderes se reunieron en el vagón del führer para tratar diversos temas, pero Hitler estaba furioso por las descabelladas peticiones de Franco, quien deseaba que España renaciera como imperio.

Otro de sus viajes fallidos fue la Entrevista de Bordighera, un encuentro que tuvo lugar en esa localidad transalpina italiana el 12 de febrero de 1941, en la que Francisco Franco se entrevistó con Benito Mussolini, por indicación de Hitler.

El Caudillo, que desconfiaba de los aviones, prefirió acudir a Italia por tren, cruzando la Francia de Vichy. El viaje fue secreto. Antes de partir, el dictador, precavido, firma un protocolo que deja el gobierno en manos de un directorio formado por los generales Vigón, Varela y Bilbao.

La entrevista se celebró en aquel pueblecito fronterizo, en la Villa Regina Margherita, y duró cuatro horas y media. La petición era que Franco apoyara a la fuerza del Eje, pero la respuesta era la misma. Franco expuso a Mussolini que si no recibía de Alemania los suministros que había solicitado, la entrada en la guerra era imposible. Al final, España sí brindó a poyo a Alemania, aunque Franco, a la caída del Tercer Reich, decía que estaba a favor de la paz.

Los últimos movimientos políticos importantes de Franco fuera de España fueron de poca trascendencia. Durante la Guerra Fría, los Estados Unidos, interesados en incluir a España en su línea defensiva, maniobraron para procurar la entrada de España en la OTAN. La oposición de otros países, especialmente Gran Bretaña, obligó a Estados Unidos a reconducir su iniciativa y firmar un tratado bilateral que incluyó la instalación de bases militares estadounidenses en territorio español.

Para los años 60, a pesar de que Europa crecía democráticamente, en España no era así. Franco estaba confundido, amordazaba la libertad.

Ya era un anciano y optó por refugiarse en su casa de seguridad, en El Prado, para recordar con nostalgia sus años de barbarie. Se volvió un fantasma de sí mismo, incapaz de ceder y negado a salir. Prefería pintar, eventualmente salir de cacería o ver películas del pasado español,  mientras ilusionaba el presente con su propia banda sonora .

Franco murió el 20 de noviembre de 1975 a los 83 años de edad y, como lo pidió, sus restos yacen bajo la cruz del Valle de los Caídos, cerca de la capital española.

DESTACADO

Conocida era la afición del dictador por la caza, y durante cuatro años seguidos (del 48 al 51) fue huésped de Fernando C. de Terry y del Cuvillo, participando en cacerías organizadas por este último en su finca de San José del Pedroso.

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