MISIÓN GRAND EX HACIENDA CHAUTLA: HOTEL SPOOKY EN PUEBLA

La historia que estoy por relatarles me sucedió la noche del miércoles 15 de febrero del 2016. Nadie me la contó y ningún evento ha sido exagerado. Estos fueron los hechos.

Texto y video: Renata de Castro (Instagram: re_protopeople)

Recibí una cordial invitación de parte del hotel Misión Grand Ex Hacienda Chautla para conocer sus isntalaciones. Esta decía: “Te invitamos a una escapada que te permitirá relajarte y divertirte”. Y lo creí. Llegamos a las 6:30 pm por carretera. La hacienda ubicada en Chautla, Puebla, lucía hermosa, imponente, de buen gusto y con un bello atardecer a sus espaldas.

Después de dejar mis maletas en mi habitación, la cual se encontraba frente a la entrada principal, descubrí que ésta era uno de los dormitorios principales hace décadas… O siglos. No pude pasar por alto escudriñar la pared de la habitación dónde iba a pasar la noche, no estaba del todo remozada, se asomaban pedazos de viejas historias entre muros legendarios, con dibujos de flores tipo tapiz; uno más en el baño con letras escritas a mano y hoyos que parecían agujeros de bala, disparos. Esto fue conservado así por órdenes del INAH.

Dejé mi habitación fría como la noche, emocionada por asistir a la bienvenida que nos darían a los huéspedes en el jardín. Cócteles a base de jugos con frutas naturales y chile piquín con un toque de mezcal avivaron la plática entre los recién llegados.

La pregunta obvia surgió entre las conversaciones.

– ¿Asustan en la hacienda?

– Sí.- nos contestó directamente y de manera sencilla el representante del hotel. Boquiabiertos preguntamos, ¿en qué parte de la hacienda asustan? A lo que nos contestaron: “En todas partes”. ¡¿Qué?!

Las preguntas empezaron a surgir de parte de todos los integrantes del grupo. – ¡No se adelanten! – nos contestaron – Pronto tendrán sus respuestas.

La cena nos estaba esperando en el restaurante La Terraza, ubicado a un lado del jardín, con largas mesas, manteles blancos, candelabros antiguos, vino tinto y una chimenea para atenuar el frío. Menú típico, con crema de chile poblano de entrada y cómo plato fuerte, pollo con mole poblano adornado con rodajas de rábano y ajonjolí, acompañado con arroz blanco y plátano macho.

La hora había llegado en la parte trasera de la hacienda, entre la obscuridad y árboles estaba la fogata, en donde Óscar Castillo Hernández nos puso la piel de gallina con las leyendas de este emblemático lugar.

La Hacienda y Castillo, ubicado a un lado del lago, fueron construidos por Thomas Gillow, de familia católica inglesa, después de la repentina muerte de su esposa española, se casa con su hijastra, dando vida a  Eulogio Gillow, quién hereda la hacienda. La Hacienda, antes de convertirse en hotel en el 2014, había sido una empresa productiva desde sus comienzos cuando era una planta hidroeléctrica, plantíos de pulque, sembradíos de chile poblano, hasta el día de hoy. Fue restaurada desde sus ruinas, antes habitada por murciélagos, hasta convertirlo en hotel.

LA HISTORIA DE HORROR

Así, don Eulogio Gregorio Gillow, arzobispo de Oaxaca, disfrutaba de excéntricos pasatiempos, entre ellos: tenía un cuarto bastante tétrico, con un letrero que decía “La cárcel”, que todavía se conserva, donde se masacraban y castigaban a las mujeres que trabajaban en su hacienda a la minima provocación, aquellas que llegaban tarde o no asistían a misa, como ejemplo. Se pensó en la idea en hacer de esta cárcel una habitación “especial” del hotel , pero la idea fue descartada, ya que tiene una “vibra” muy pesada. También se les torturaba psicológicamente hasta perforar su cráneo con la famosa gota china en los calabozos donde también emparedaban a los hacendados y hacendadas, niños y adultos, todos por igual. A los que se les ocurría robarle o tan siquiera intentarlo eran colgados en “el árbol de los colgados” (un fresno con más de 600 años) ubicado en la entrada de la Hacienda, exhibiéndolos cómo trofeos y en otros casos colgándolos en cada arco de la hacienda, siendo el arco principal de la Hacienda el más usado para mi desgracia, el que estaba exactamente frente a mi cuarto.

Óscar nos comentó que en la noche se escuchan ruidos y quejas provenientes del árbol de los colgados, así como niños jugando con el agua en la fuente, ya que a estos los emparedaban con sus madres. La Habitación 515 tiene un túnel bajo una de sus dos camas, hecho por los mismos peones para robar comida y objetos de valor, contaba con varias conexiones y salidas de la Hacienda. Los trabajadores al ser descubiertos fueron enterrados vivos dentro. Si se levanta la cama se puede encontrar la entrada al túnel. A la huésped de la habitación 515 no pareció agradarle mucho la idea.

Le preguntamos a Óscar dónde se presentaba mayor actividad paranormal, nos dijo que en recepción se podia ver una niña por las noches. Surgió el chiste que el susto era a la hora de pagar la cuenta y todos reímos entre nervios y cruzando dedos para que fuera una broma. Le pedimos más ejemplos y gustoso nos los compartió: un grupo de huéspedes brasileños haciendo un recorrido en la noche captan en una grabación los lamentos de una mujer (cacofonía), la cual se puede encontrar en Youtube y todos tuvimos oportunidad de escucharla. Otro, Chucho Ramirez, director técnico de la selección mexicana sub 17 de fútbol, recibe un recorrido de noche por un guardia. Cuando comenta en recepción que el guía había sido muy amable al contarles la historia de la Hacienda, se le pide que describa al guía. Después de hacerlo es informado que era un guardia que había fallecido hace años dentro de la Hacienda, en donde fue encontrado. Una más: trabajadores haciendo la remodelación son sorprendidos por un “huésped” quién les pide guardar silencio porque no lo dejan descansar. Parando la obra los trabajadores se dirigen a recepción para reportar la queja, cuando se les informa que no existe dicho huésped y que en realidad todas las habitaciones de esa área estaban desocupadas… Para no incomodar a los huéspedes.

Nos despedimos y nos deseamos las buenas noches. Al llegar a mi dormitorio la información daba vueltas en mi cabeza, fotos del Castillo donde aparecen personas que no estaban ahí, puertas y grifos que se abren en las habitaciones, guías sin vida, lamentos y risas, manos pequeñas y frías tocando espaldas, “huéspedes” que piden que dejen descansar, restos de huesos humanos encontrados enterrados durante la remodelación. Me daba la impresión que este tal Gillow era alguien de cuidado.

No era la primera vez que me quedaba en un hotel-hacienda donde sabía de antemano que asustaban, pero aún así decidí dejar una luz de pie encendida y la chimenea ardiendo. A lo lejos sonaron las campanas de lo que parecía ser una iglesia. Chequé el reloj, marcaba las 12 am … Raro… Misa entre semana… A las 12 am… Buenas noches. Puse el despertador para la mañana siguiente y me dormí.

Lo que me sucedió mientras dormía es comúnmente llamado como “se te sube el muerto”. Repentinamente abrí los ojos pero sin poder abrirlos físicamente, me encuentro paralizada, en alerta, mi cuerpo no reaccionaba a ningún comando, consciente de mi situación, lúcida, de que algo no estaba bien y no sabía como escapar. El pavor y miedo al sentir que no estaba sola en el cuarto, que había “alguien” más, algo más, intenté moverme, gritar… Nada. Mi desesperación aumentó cuando sentí esta entidad aproximarse hasta estar arriba de mí, sobre mi pecho. Desesperada, intenté gritar por ayuda, nada. ¡Dios, por favor ayúdame! Aleja esta entidad que está arriba de mí… Y está sonriendo. No lo escuché ni lo vi, pero sonreía, sentía como se mofaba de mi situación, difícil de explicar con palabras… Más desesperación. ¿Cuánto va a durar esto? ¿Y si me quedo así para siempre? Recuerdo que una última pregunta pasó por mi cabeza: “¿Qué es lo que quieres?” Cómo respuesta la presión paso de mi pecho a mi cara, y podía sentir cómo la piel de mi mejilla se doblaba, mi cuello girando hacia mi lado izquierdo… Pero espera, no viene solo, hay una mujer con él. Los siento presentes. ¡Dios! Padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea tu nombre. Antes de terminar mi oración, me suelta. ¡Por fin! Creo que desperté gritando pero no había nadie cerca para confirmarlo. Estaba sola con la fogata que hacía ruidos y destellos en el techo, y ellos. ¡Puta madre! Tomé mi teléfono, 12.45 am. Sentí que había pasado una eternidad.

Pensé en hablarle a alguien. “¿Hola? Soy Renata, hay alguien en mi cuarto pero no te vayas a alarmar?” Descarté la idea inmediatamente. Quizás pedir ayuda en la recepción. “Sí, ¿en que le puedo ayudar?” preguntaría el recepcionista. A lo que yo respondería “Disculpe, ¿usted está vivo o muerto?”… ¿Y si está la niña en la recepción? ¿Y si al abrir mi puerta me da las buenas noches un hombre colgado del arco? ¡Ahhhhh! ¿Qué voy a hacer? Descarté esa idea por igual. Quería llorar y gritar pero la verdad es que estaba como niña asustada con las sabanas hasta la nariz, no quería hacer ningún ruido. “¡Que nadie se mueva!” era mi modus operandi hasta el momento. Lo que si era un hecho era que estaban ahí, conmigo en el cuarto y me estaban observando. Mi elegante habitación con camas adornadas con velos colgantes pasaron a ser mi angustia, no podía ver del todo bien detrás del velo. Por favor que no este nada parado detrás, me daría un ataque cardiaco. Me instalé a la mitad de la cama, evitando los puntos de vista muertos. ¡Ja! A lo lejos de nuevo escucho las campanas. Revisé mi teléfono: 1 am ¿Eh? ¿Por qué fregados tienen un reloj, campana o lo que sea sonando a estas horas en un hotel donde se va a descansar? Tenía otras cosas más angustiantes en que pensar. ¿Qué voy a hacer?

El ruido de una gotera en el baño captó mi atención. ¡Ok! Iré a checar, no podía ignorarlo. Me iba a volver loca, de todos modos tenía que ir al baño pero no me había atrevido. Me levanté, con movimientos lentos y cuidadosos. Me asomé al baño, nada. Regresé a la cama. Llevaba un rato acostada viendo a mis alrededores, alerta, cuando un frío estremecedor se sintió en el cuarto, maldita sea… La fogata se apagó. Asomé la cabeza de las sábanas para checar si seguía prendida, y lo estaba, ¡pero que frío hacía! No había acabado de estremecerme cuando la gotera empezó de nuevo…. ¡Oh no, no no no! ¡La tortura de la gota china! Tenía que pararme y checar otra vez, no me podía quedar así. Me levanté y nada, esta vez corrí de regreso a la cama. Esta iba a ser una noche larga.

El reloj con sus campanadas recordándome cada hora cómo la noche avanzaba. ¿Puedes imaginar todo lo que pasa por tu mente durante seis horas? Los relatos de Lovecraft e historias de alquimia que había leído durante mi adolescencia no ayudaron a mi situación. No podía darme el lujo de volverme a quedar dormida, aun así, la adrenalina era tal que no tenía sueño.

El día llegó. Ver la luz entrando por debajo de la cortina fue un gran alivio. Me pude dormir una hora y alistarme para el desayuno a las 9 am en el restaurante del hotel. Todo había regresado a la normalidad, gente sonriente paseando por la Hacienda y un delicioso desayuno de enchiladas de mole y café me esperaban con unos  buenos días de parte del staff del hotel. – ¿Qué tal paso la noche? – Pues la verdad mal – respondí. ¿Por qué tienen un reloj sonando a cada hora en el hotel? – comenté. La señorita se me queda viendo. – “¿Cuál reloj?” – pregunta la misma. A ver, espérame tantito, ¿me estás diciendo que no hay un reloj sonando cada hora en el hotel? – pregunté nerviosa, por lo que ella ríe y me dice: “Eso sería una locura, despertaría a los huéspedes”. Me quedé atónita, he perdido la cordura. El recorrido continuó, un paseo en botes con pedales en el lago a un lado del hermoso castillo rodeado de bosque, ubicado en la parte trasera de la Hacienda y tres tazas de café durante el desayuno hicieron que dejara de lado la noche. Carreritas y carcajadas con un día soleado. El viento arreció, los árboles bailaban bruscamente y se nos pidió que regresáramos a la Hacienda. Barbacoa de hoyo, deliciosas y coloridas salsas y un par de cervezas frías a un lado de las ruinas ubicadas a un costado de la hacienda hicieron de ese un excelente día. Compartiendo la experiencia con mis compañeros me di cuenta que no era la única desvelada del grupo, se notaba que más de uno no había conciliado el sueño, me sentí aliviada al enterarme que no había sido la única del que había escuchado el reloj durante toda la madrugada. ¡Gracias!

La Ex-Hacienda de Chautla es un lugar dónde el pasado y el presente se unen, perfecto para pasar una noche inolvidable, literal. La recomiendo ampliamente para todos aquellos que les gusta la aventura, deseosos de intentar algo diferente. Para aquellos amantes de la adrenalina del “más allá”, es todo un reto.

Si quieres vivir una experiencia diferente con amigos o tu pareja este es el lugar. Hermosa por su ubicación y arquitectura. Agradable por sus comidas, instalaciones y buen servicio. La Ex-Hacienda de Chautla te va a dejar impresionado.

Como bien dicen, hay que vivirlo para creerlo. No puedo evitar que los pelos se me pongan de puntas mientras escribo y recuerdo lo que me pasó en la habitación 505 del Hotel Misión Gran Ex-Hacienda de Chautla. Pero lo cuento con una sonrisa en la cara y deseosa de regresar… Aunque esta vez, no iré sola.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *