UN ATEO EN EL VATICANO

Hace 36 años, la Ciudad del Vaticano fue mencionada en todos los noticieros. El 13 de mayo de 1981, Alí Agca, un ciudadano turco, atentó contra la vida del papa Juan Pablo II justo aquí, en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

Texto y fotos:  Andrés Gutiérrez

Ese fue el inicio de mi obsesión por conocer más acerca de la ciudad; incluso le seguí la pista al papa Juan Pablo II. Recuerdo cuando visitó la ciudad de México en 1993 durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari;  afuera de un recinto católico lo esperé como si él hubiera sido una estrella de rock. Y, como eso, después de haberlo esperado por horas, el papa avanzó sin siquiera voltearme a ver.

Años después, durante la preparatoria, influenciado por Karl Marx, Friedrich Niestzche, Charles Darwin y Thomas Edison, entre otros, comencé a cuestionar a Dios, la iglesia y sus adeptos. Me convertí en un ateo, pero también en un obsesionado por conocer la Ciudad del Vaticano, por saber cómo logró ser un estado soberano compuesto por un entramado de instituciones y organizaciones, que utiliza complejos sistemas de seguridad y vigilancia; cuenta con cuerpos armados como la Guardia Suiza, agentes de seguridad, unos uniformados y otros que se mueven y vigilan vestidos de turista, camuflados entre el público.

Con esas historias en la cabeza, tuve la oportunidad de conocer este destino durante una viaje que hice a Roma. Para ello, tuve que dejar todos los prejuicios del ateísmo a un lado para comportarme como un viajero; incluso contraté a un guía de turistas oficial, de ésos que se aprenden todo su discurso de memoria.

Durante el trayecto veo a un grupo de escoltas suizos –los mismos que protegen al Papa-. Debajo de su llamativo uniforme con bandas azules y amarillas —ninguno menor de 19 años ni mayor de 30— cada guardia esconde una pistola semiautomática Sig-Sauer de doble acción y un adiestramiento de élite en artes marciales. No hago caso e inicio el recorrido.

SOBRE LA TUMBA DE SAN PEDRO

Reconozco que aquí se encuentra el templo católico con el mayor espacio interior de una iglesia cristiana en el mundo (abarca una superficie de 2,3 hectáreas), se trata de la imponente Basílica de San Pedro, que orgullosa se yergue dominante en el horizonte de Roma.

Considerado como uno de los lugares más sagrados del catolicismo, y la más grande de todas las iglesias de la cristiandad, mi guía comenta que la basílica se encuentra situada sobre el lugar de entierro de San Pedro, que fue uno de los doce apóstoles de Jesús de Nazaret, primer obispo de Antioquía, primer obispo de Roma y, por lo tanto, el primero de los pontífices.

Aunque la ciencia y el ateísmo no comparten el misticismo de la religión, las evidencias históricas y científicas sostienen que la tumba de San Pedro está directamente debajo del altar mayor de la basílica; a causa de esto, muchos papas han sido enterrados en San Pedro desde la época paleocristiana. Se me pone la piel chinita ante tanto fanatismo y protocolo religioso.

Reconozco que la Basílica ha crecido de manera ordenada. Alrededor de ella han sido construidas iglesias desde el siglo IV. La construcción del actual edificio, sobre la antigua basílica constantiniana, comenzó el 18 de abril de 1506, por orden del papa Julio II, y finalizó el 18 de noviembre de 1626.

Sin embargo, aunque el catolicismo, así como muchas otras religiones, sugieren que el adepto tenga fe y paciencia, mi guía demuestra tener prisa. A través del radio le comentan que ya hay otro grupo de turistas esperando. De manera sintetizada, Lucca (el guía) me comenta que la Basílica de San Pedro no es ni la sede oficial del papa, ni se encuentra entre las principales basílicas de Roma, este honor lo ostenta la catedral de Roma, la archibasílica de San Juan de Letrán. Sorprendido, entiendo que tampoco es la parroquia de la Ciudad del Vaticano, ya que actualmente es la Capilla Paulina la que funciona como tal. Sin embargo, es la principal iglesia pontificia al celebrarse en ella la mayoría de las ceremonias papales debido a su tamaño, a su proximidad a la residencia papal y a su ubicación dentro de la Ciudad del Vaticano.

Como si fuéramos parte del cuerpo de seguridad papal, apresuramos el paso para concluir con el tour guiado. Entre las obras de arte que debía conocer –y lo hice- figuraron el Baldaquino de Bernini, La Piedad de Miguel Ángel y la estatua de San Pedro en su trono. Esta última con el pie derecho desgastado debido a los miles de besos que los fieles le dan diariamente durante su visita.

Apresurado subí a la cúpula. Iniciada por Miguel Ángel, Giacomo Della Porta continuó con el trabajo y Carlo Maderno la remató en 1614. Tal y como lo han dicho diversos arquitectos, la cúpula de la Basílica de San Pedro ha servido de inspiración para otros proyectos posteriores, como la catedral de San Pablo de Londres y el Capitolio de Washington, símbolo del capitalismo yanqui. Lucca, sin verme a los ojos, se despide; un grupo de mexicanos de la tercera edad lo espera en la puerta de la Capilla Sixtina, quienes le aseguran una buena propina.

EL ENOJO DE MIGUEL ÁNGEL

Libre, como mi espiritualidad, sigo a Lucca hasta la capilla sin que se dé cuenta. Quiero conocer el tipo de viajeros mexicanos que visitan este destino.

Durante el trayecto, veo que él habla sólo en italiano, parece quejarse de algo, hace muecas; sin embargo, en cuanto se acerca al grupo de turistas el rostro le cambia drásticamente. Como todo un actor, ahora se muestra sonriente. Por un momento recordé a Gollum, el personaje bipolar de la película El señor de los anillos.

Sorprendido, saco mi cartera y pago mi boleto para continuar el tour por la Capilla Sixtina, el palacio apostólico más famoso de la ciudad.

Reconozco que desde que puse un pie en este recinto percibí una energía muy especial. No es para menos, ésta es la residencia oficial del papa.  ¿Qué no ha pasado aquí? Imaginen: seres que afirman haber visto a Dios, o peor aún, los que se sienten Jesucristo. También por aquí han corrido secretos de Estado; han caminado sacerdotes arrepentidos, así como hombres y mujeres que buscan el perdón. Si estas paredes hablaran…

Un poco intimidado, avanzo por este edificio que evoca el templo de Salomón del Antiguo Testamento. Admiro su decoración en fresco, obra de los más grandes artistas del Renacimiento, incluyendo a Rafael Sanzio, Botticelli y Miguel Ángel, aunque a éste último no le agradó pintar la bóveda, ya que según cuenta la historia, Miguel Ángel pensó que su trabajo sólo había sido utilizado para satisfacer la megalomanía del papa Julio II. A pesar de ello, actualmente la bóveda de más de 1,000 m2, junto con la obra el Juicio Final, son considerados como los mayores logros de este artista en la pintura, y es que el encargo de Julio II era gigantesco y reclamaba una imaginación excepcional. Los nueve paneles principales (cuatro grandes que alternan con cinco más pequeños) ilustran la Biblia desde la creación y la caída del hombre hasta el diluvio y la embriaguez de Noé. El cuadro arquitectónico ha sido pintado en “ilusión óptica”,  doce figuras colosales, cinco sibilas y siete profetas flaquean los cinco paneles pequeños que decoran los ángulos de la bóveda.

Anonadado ante tanta belleza y con los pies molidos, renunció a continuar con el tour por la Capilla Sixtina. Tengo poco tiempo para conocer los Museos Vaticanos, entre los que se encuentran: Museo Gregoriano de arte egipcio y de arte etrusco, el Museo Pío Clementino, el Museo Chiaramonti y la Pinacoteca Vaticana.

COLECCIONES DE ARTE Y TESOROS PROHIBIDOS

Aunque soy ateo, parece que estoy en una manda ante Dios, ya estoy cansado pero debo continuar. El mapa dice que los museos se componen por más de dos mil salas que abarcan cerca de 14 kilómetros de longitud. Apresuro el paso y descubro de reojo galerías y demás estancias de valor artístico, todo propiedad de la Iglesia. Es la mayor colección de arte de la Iglesia Católica Romana, producto del papa Julio II, quien en 1503 cedió su colección privada, haciendo de esto una tradición con todos los papas para que éstos donaran obras de arte.

Avanzo y también me sorprende la belleza de los edificios pontificios, monumentos y jardines. Aquí también está la Biblioteca Vaticana. Sin embargo nunca podré conocer la trastienda de esta gigantesca organización que mueve miles de hilos que desconozco por completo. En los sótanos de la ciudad de San Pedro, se esconden los Archivos Secretos del Vaticano, recopilados desde miles de años, con objetos y tesoros, unos más literarios y otros más materiales. El acceso a ciertos archivos del Vaticano está rigurosamente prohibido a toda persona ajena y no autorizada.

Muchos de los proyectos de investigación que en su día abrió el Vaticano siguen siendo secretos, como por ejemplo “El Cronovisor”, un proyecto científico desarrollado por los sacerdotes Luigi Borello y Alfredo Ernetti, que fue financiado por el Vaticano en los años 50, y que consistía en poder ver y escuchar imágenes y sucesos del pasado.

Cansado, salgo a la explanada y admiro la plaza de San Pedro, conocer la basílica me brindó una gran experiencia de viaje, sobre todo en esta época, cuando por primera vez un papa, Benedicto XVI, renuncia al cargo, demostrando que el Espíritu Santo también toma vacaciones.

 

  • La capilla fue construida entre 1477 y 1480, por orden del papa Sixto IV, de quien toma su nombre, para restaurar la antigua Capilla Magna.
  • La imagen escenográfica de la fachada de la Basílica de San Pedro se debe a Carlo Maderno. Bernini remodeló, entre otros, el gran altar pontificio situado sobre la tumba de San Pedro y el ábside.
  • En su interior llaman la atención los grandes mosaicos que la decoran o la bellísima estatua de la Piedad de Miguel Ángel, con la que buscaba alcanzar la belleza ideal.
  • En las grutas vaticanas se encuentran las tumbas de varios Papas y del apóstol San Pedro.
  • Como obra arquitectónica, es considerada como el mayor edificio de su época. A pesar de la creencia popular, San Pedro no es una catedral, ya que la archibasílica de San Juan de Letrán es la catedral de Roma.
  • El lugar donde el papa Juan Pablo II sufrió el atentado de 1981, es la Plaza de San Pedro. Para reconocerlo, el Vaticano señaló el sitio con una losa de piedra.

¿DÓNDE?

Piazza San Pietro, 00120. Ciudad del Vaticano, Roma.

www.descubrevaticano.com

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