Todos los viajeros que visitan México aseguran que este país cuenta con todo lo necesario para dejar de ser un país tercermundista. Contamos con una una orografía geográfica e historia privilegiada, es poblado por millones de personas talentosas y trabajadoras. Pero a pesar de ello la pregunta eterna sigue siendo: ¿Por qué no crecemos a la velocidad que podríamos y deberíamos? ¿Por qué seguimos discutiendo este tema año tras año, gobierno tras gobierno?

Por: Pepe Treviño / Ilustración: Edgar Martínez

Me arriesgo a imaginar, como un ejercicio intelectual, recordando al icono revolucionario de Che Guevara, que a mediados de la década de los 50 conoció y vivió un México diferente, que prometía un futuro en donde todos, o casi todos, gozarían de un país libre y soberano.

Pero si el Che viviera y tuviera que viajar por nuestro país el día de hoy, se sentiría tan ofendido que seguramente tendría que haber gestado su movimiento revolucionario en esta, la tierra del nopal, porque desde el primer momento en el que pisara el país se enfrentaría a los síntomas de una economía política disfuncional que la crisis tan sólo agrava y perjudica a los ciudadanos de “a pie”. Se trata de los monopolios.

Para comenzar aterrizaría en uno de los aeropuertos más caros y disfuncionales del mundo, operado por mafias aeroportuarias que le permiten todo a sus socios comerciales y al personal, muchas veces, relacionado con el crimen organizado (incluyendo el robo de maletas y trasiego de drogas); tendría que beber el carísimo café de cadena de la marca de la sirenita verde en todos los aeropuertos, o en su defecto una pésima infusión de este grano en las tiendas-cadena de conveniencia establecidas allí.  Se vería sitiado por maleteros que controlan el servicio, tomaría un viejo y desgastado taxi de una de las tres compañías (de los mismos dueños) que se han autodecretado un aumento del 30 por ciento, ante el pasmo de las autoridades; y si tuviera que cargar gasolina de algún auto rentado podría hacerlo solamente en Pemex.

Pero el infierno apenas comenzaría. Pues al tener que volar por alguna de las aerolíneas nacionales descubriría que son también de las más caras del planeta; tendría que realizar pagos extra por su equipaje y le cobrarían el refresco y la bolsita de cacahuates a precios estratosféricos, cualquier cosa que otrora época estaba incluido por el precio del ticket.

Ya en tierra, en el hotel habría 75 por ciento de probabilidades de que consumiera una tortilla vendida por un solo distribuidor; tendría que portar –forzosamente- una tarjeta de crédito o dejar un depósito de hasta por una noche; si tuviera que adquirir algún teléfono celular tendría que hacerlo con las compañías que no ofertan nada interesante para el consumidor, además de un pésimo servicio que hace de esto algo insufrible; también tendría que beber agua mexicana embotellada por alguna compañía extranjera. Y si se enfermara del estómago debido a los corajes tendría que ir a una farmacia y también descubriría que las medicinas ahí cuestan más que en muchas partes del mundo. Y si le hablara a Fidel Castro de larga distancia para quejarse de la situación pagaría entre las tarifas más elevadas de la OCDE. Y si prendiera la televisión para distraerse ante el mal rato, descubriría que sólo existen dos cadenas, con una infame y retrógrada programación producida por los mismos actores de la industria televisiva de toda la vida, el monopolio del entretenimiento.

Sin duda, para que el corazón se le envenenara al Che en México, tendría que escuchar lo que dijo Enrique Peña Nieto: “Quienes dicen que vivimos en un país que está en crisis, crisis es seguramente lo que pueden tener en sus mentes, porque no es lo que está pasando”, dijo el presidente de México hace unos meses, durante un encuentro con soldados y marinos, en el Campo Marte.

Para ello, el Che, le recomendaría al primer mandatario leer el libro Good Capitalism, Bad Capitalism, que explica por qué algunos países prosperan y otros se estancan; por qué algunos promueven la equidad y otros no logran hacerlo.

Pero todo esto se debe a la mezcla incorrecta de Estado y mercado; de regulación e innovación. Y hoy México es un ejemplo clásico de lo que el premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, llama “una mala encarnación del capitalismo”, el capitalismo de cuates, honey capitalism, el capitalismo de cómplices, el capitalismo que no se basa en la competencia o en la innovación, sino en su obstaculización. Ese andamiaje de privilegios y de posiciones dominantes y nudos sindicales en sectores cruciales para el desarrollo de cualquier país, y México no es la excepción.

¿Cuáles son esos sectores? Telecomunicaciones, servicios financieros, transporte, energía. Nudos que aprisionan a la economía y la vuelven ineficiente. Una mezcla de capitalismo de Estado y capitalismo oligárquico que le pega como gancho al hígado al turismo en México. Solamente hay que analizar el entorno de un viajero y descubrir que todo está atado a los inexplicables y turbios negocios que en absoluto benefician al turista, tal y como lo mostramos a continuación.

Tlaxcala: El estado más pequeño de México, que a pesar de contar con un gran legado cultural y natural, no ha logrado crecer de manera correcta en el segmento turístico, esto debido, en gran parte, a ATAH, la única línea de autobuses que por alguna extraña razón es la única que opera en el estado. Se trata de un monopolio que controla toda la red de servicio público de autotransporte federal en Tlaxcala, mismo que no ha permitido que otras líneas lleguen a la entidad, impidiendo que exista una libre competencia en el servicio de transporte. No, aquí sucede todo lo contrario, cuentan con un mal servicio, camiones viejos y unas instalaciones tan olvidadas que parece que se ha detenido el tiempo.

Los Cabos: Este destino de sol y playa también se ha visto ensombrecido por este fenómeno. En el año 2008 el gobierno de los Estados Unidos giró un boletín en donde calificó a Los Cabos como un destino “no seguro” para sus connacionales debido al conflicto entre transportistas en la entidad, el cual ha llegado hasta la violencia.

Se trata de taxistas contra transportadoras privadas, una historia que comenzó cuando los poderosos sindicatos de taxistas impidieron que otras empresas operaran en el aeropuerto para poder recoger a los clientes que previamente habían pagado su servicio de transporte.

El problema fue tan grande que una de las touroperadoras mayoristas, Apple Vacations, decidió dar de baja a Los Cabos en su catálogo turístico, algo que sacudió al destino, obligando a bajar las cortinas debido a la poca afluencia de visitantes.

Sin embargo, contrario a lo que todos podrían pensar, al gobierno en turno no le interesó solucionar dicho conflicto, el gobernador en turno, el perredista Narciso Agúndez Montaño, solamente hizo un remiendo para que los conflictos generados por la ira de los taxistas disminuyera de nivel, esto a través de la condonación de una deuda de multas acumuladas por los taxistas y transportistas durante tres años. Algo tan extraño que hizo suponer que los taxistas agremiados cambiaron votos por preferencia en dicha solución.

Cancún y Riviera Maya: Esta estampa también se vive en el Caribe Mexicano, pero aquí se trata del patético abuso de las casas de cambio.

De acuerdo con las denuncias recibidas y la investigación hecha por el equipo de CoolTrip Méexico , descubrimos que en este puerto de entrada (uno de los más importantes de México) de turistas extranjeros, las casas de cambio compran las divisas baratas y las venden más caras de la media en los bancos o en otras casas de cambio que no tienen un mercado cautivo.

¿Por qué? Se debe a que no tienen competencia, además que se aprovechan de la ignorancia de los visitantes acerca del tipo de cambio. Muchos turistas llegan a México por Cancún y prefieren comprar pesos mexicanos en el aeropuerto. Eso lo sabe la casa de cambio. Pero esto es culpa de las autoridades: por un lado, la falta de vigilancia; por el otro, la posible corrupción.

Los extranjeros dirán que todos los mexicanos somos iguales. ¿Y las autoridades? ¿Y la Profeco? ¿Por qué si entra tanto dinero por la vía del turismo un puñado de personas y empresarios corruptos proyectan tan mala impresión? Y no sólo es con los extranjeros: taxistas y hasta maleteros de Cancún son capaces de maltratarte o de sacarle dinero a cualquier turista.

Aerolíneas: ¿Es tan difícil romper con los monopolios de líneas aéreas en terminales del país, a fin de reducir costos a los pasajeros, ofrecer opciones de vuelo y alentar la competitividad?

Después de décadas, la dependencia del gobierno federal, Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), a través de su director general, Alfonso Sarabia de la Garza, se comprometió a cumplir este objetivo y convocó a legisladores a trabajar de manera conjunta para lograr ese objetivo.

Pero hasta el día de hoy esto ha sido un sueño. Las aerolíneas nacionales continúan con abusos en la comercialización de vuelos y en malos servicios hacia los usuarios, tal como la sobreventa de boletos, la pérdida de equipaje y falta de responsabilidad para responder a sus clientes. Pero esto solamente es la punta del iceberg de esta anomalía monopolizadora.

Sin embargo, ante la urgencia de atender a los pasajeros, la diputada Claudia Sánchez Juárez (PAN), quien preside (sin experiencia previa) la comisión especial encargada de estudiar, analizar, evaluar y supervisar el funcionamiento de aduanas, puertos y aeropuertos nacionales, solamente aseguró que trabajará con los legisladores para impulsar nuevos esquemas que agilicen los servicios aeroportuarios y evitar abusos. Pero como lo sabemos, esto sucederá a la velocidad de una tortuga.

Pero aún hay esperanzas, dicen algunos empresarios, esto a partir que Gerardo Ruíz Esparza, quien preside la Secretaría de Comunicaciones y Transportes comenzó a gestionar la privatización de los aeropuertos de México antes del 2018 (las elecciones presidenciales), mismos que hoy controla ASA. El proyecto comenzará a invitar a posibles inversionistas, como es el caso de los tres que ya operan: ASUR (entre ellos el aeropuerto de Cancún) del inversionista mexicano Fernando Chico Pardo; GAP, propiedad del tercer hombre más rico de México, Germán Larrea; y OMA, cuyas acciones pertenecen al multimillonario David Martínez. Tres grupos aeroportuarios que a pesar de ser privados, tampoco alientan a la competitividad.

Carreteras: Las vías carreteras de México son otro tema relacionado con monopolios. Dejemos de lado que México tiene el sistema carretero más caro de América, aquí lo más delicado es el tema relacionado con la seguridad de los usuarios.

Así se comprueba con el Paso Express en la México-Cuernavaca, que apenas el mes pasado, a la altura del kilómetro 93+600, fue cerrado por un socavón, en el que cayó un vehículo, en el cual desafortunadamente murieron dos personas.

La obra fue inaugurada el pasado 5 de abril, es decir, hace 4 meses, por el presidente Enrique Peña Nieto y el gobernador Graco Ramírez y tuvo un costo de 2 mil 213 millones de pesos, inversión y ejecución hecha por el consorcio conformado por las empresas Construcciones Aldesem y Epccor –ambas de origen español y beneficiadas por contratos multimillonarios en México– quienes fueron responsables de la construcción del “Paso Express” en la autopista México-Cuernavaca, una obra defectuosa por la cual el gobierno federal le otorgó un contrato por mil 45 millones de pesos en 2014.

Sin sorpresa, Gerardo Ruiz Esparza, titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) –dependencia a cargo del proyecto de infraestructura– no mencionó las evidencias de corrupción que rodearon la obra desde el principio. Y hasta el cierre de esta edición no hay culpables.

Así como este tramo de dudosa manufactura, México está conectado por este tipo de vías carreteras, que además de ser caras no cuentan con el mantenimiento necesario para que éstas sean seguras.

Hay vialidades que cobran hasta 3 pesos con 62 centavos por cada kilómetro recorrido, dos de ellas conectan a la ciudad de Guadalajara y una a la CDMX, y han tenido aumentos recientes por las respectivas concesionarias. Sin duda se trata de un monopolio bien planeado.

Hace dos meses, la Profeco inició un procedimiento en contra de las aerolíneas que cobran la primera maleta. Pero éstas argumentan que los tratados internacionales están por encima de la ley mexicana.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *