SANTIAGO DE CHILE EN 24 HORAS

Debo confesarlo, la primera vez que visité Chile no sabía nada acerca de este país. Alguna vez pasé por aquí mientras viajaba a Mendoza, Argentina y solamente tenía algunas impresiones del país, a raíz de mis obsesiones acerca de cómo la CIA y Nixon participaron en el golpe de estado en 1973 para destituir a Salvador Allende y encumbrar al dictador Pinochet. Pero esta vez todo fue diferente.

Texto y fotos: Pepe Treviño

Pero en el transcurso de una semana mis impresiones se transformaron en una imagen más completa y compleja, es un país que se reconcilia con su pasado pero que mira a un futuro prometedor, el cual ya parece haberlos alcanzado.

Así lo comprobé en este último viaje, cuando tuve la oportunidad pisar tierras chilenas para conocer a fondo el país y sus habitantes. Fue un vuelo de nueve horas, a bordo de la aerolínea chilena LATAM, una de las pocas compañías que demuestran que aún es posible surcar los cielos con comodidad y un gran servicio a bordo. Sin embargo, ya en tierra no pude evitar lo inevitable. Mi espíritu mórbido me hacía recordar la mañana del martes 11 de septiembre de 1973, cuando fuerzas militares chilenas apoyadas secretamente por la CIA y la Casa Blanca de Nixon, atacaron al gobierno chileno que había sido elegido democráticamente.

Caminar por el centro me hizo recordar los bombardeos que los aviones Hawker Hunter hicieron al palacio de gobierno para matar al entonces presidente Salvador Allende. De esta manera, en horas, los golpistas liderados por Augusto Pinochet lograron su objetivo, dar el golpe de estado.

Con ello los siguientes 17 años Chile vivió acechado por Pinochet, gobernando al país mediante una mano dura extrema, arrestando a cuanta persona pareciera sospechosa para torturarla, desaparecerla o matarla. Se habla de más de tres mil personas afectadas por la policía secreta.

Y así, a mi paso por el  Centro Histórico llegué al Palacio de Gobierno. Tengo la suerte de presenciar el cambio de guardia. Parece ser un momento muy nostálgico y cientos de personas se arremolinan alrededor del acto. Todo parece muy solemne, hasta que la banda de guerra toca los primeros acordes para ejecutar la pieza “Bésame Mucho”, canción escrita en 1940 por la pianista y compositora mexicana, Consuelito Velázquez.

Con una sonrisa continúo por mi trayecto el centro, descubro que pesar de los sucesos, Chile ha salido adelante, en las últimas dos décadas ha surgido como potencia económica en Sudamérica, un país próspero que se ha movido como pocos en este nuevo siglo.

Recordar la historia abre el apetito. Decido conocer la movida gastronómica high-end. Intento visitar La Piojera, un viejo y reconocido bar del Barrio Chino, con gastronomía típica del país, un símbolo de la “cultura guachaca” (cultura popular urbana chilena), pero desafortunadamente está cerrado. Felipe Echeverría, mi anfitrión, me lleva al Mercado Santiago, entre pasadizos repletos de puestos de mariscos. Todo salta a la vista, los choros, centolla, almejas de todo tipo y gigantescos filetes de salmón. Comienzo a babear y decido pedir de todo un poco. Incluyendo vinos chilenos y cervezs locales.

CAFÉS CON PIERNAS Y CENAS DE AUTOR

Con este tentempié tenemos la energía necesaria para continuar por el Centro Histórico para conocer la arquitectura y movida local, pero Felipe decide llevarme al cerro Santa Lucía, un ícono cultural de la ciudad de Santiago. Fue en la cima de este lugar que el conquistador Pedro de Valdivia fundó la ciudad el 12 de febrero de 1541, dando inicio al periodo colonial español. Hoy muchas personas siguen llamando al cerro por su nombre original, Welén, que en lengua Mapuche (Mapudungún) significa dolor o tristeza.

Ese día tuve suerte de presenciar una feria llamada Ñam, donde productores de ingredientes gastronómicos, cocineros, chefs y artistas se reúnen para mostrar el lado más sensible de la comida. Cervezas artesanales, vinos chilenos y un cordero asado me hicieron salivar, sin embargo Echeverría niega con la cabeza la posibilidad de tomar asiento, me informa que después de subir al mirador tendré una cena en el hotel donde estoy hospedado, el Sheraton Santiago. Pero antes le pregunto a mi guía por los cafés con piernas, cafeterías chilenas que se distinguen por haber reemplazado a mozos por atractivas mujeres, ataviadas con minifaldas y medias.

Con una sonrisa pícara Felipe me explica que los cafés con piernas siguen de pié, también dice que ahora se han radicalizado, muchos se han transformado en algo más que eso, en casas de citas, donde además de disfrutar de un buen café, es posible tener acercamientos mas íntimos si la cartera y el entusiasmo lo permite.

Así nos dirigimos al Paseo Ahumada, una calle peatonal, algo así como las Ramblas en Barcelona, donde hay negocios de todo tipo. Allí encontramos el Café Hiatí, una  especie restaurante con un mesón al centro y múltiples espejos laterales, diseñados para permitir la visión del cuerpo de las mujeres. Según cuentan los chilenos los establecimientos fueron creados para crear una cultura del café en los años 50, justo cuando el café soluble era como una plaga –como sucede en México actualmente- en la mesa de las familias chilenas. Increíble que los Cafés con Piernas hayan sobrevivido a la dictadura de Pinochet.

Con un poco de fetichismo en mi cabeza llego a mi hotel, Sheraton Santiago, donde una cena preparada por el chef uruguayo Gustavo Maurelli me llevó por una aventura culinaria, en la que experimenta con nuevas técnicas y productos locales, con una influencia asiática e italiana. Así lo comprobé con dos platillos. El primero fue mozzarella de búfala con camarones en salsa de pimiento asado, aderezado con un sabrosísimo globo de queso relleno con esencia de toronjil. El segundo fueron unas croquetas de centolla rellenas de queso stracchino, servidas sobre rebanadas de melón salteado con un alioli de ají picante y tocino crujiente. Uf, parecía la mesa de un mago, sólo faltaba que el mesero convirtiera  una servilleta en una paloma. Me hubiera encantado seguir comiendo, pero el ajetreo del viaje de nueve horas en mi primer día y dos copas de vino chardonnay chileno producido en el Valle Central chileno me habían noqueado.

La mañana es espectacular y he decidido viajar a Valparaíso para conocer la movida bohemia de artistas que han llegado a este destino. Pero antes decido visitar La Tienda Nacional, una librería con personalidad propia, el rincón que todos quisiéramos tener en nuestras ciudades, donde comercializan obras locales -desde lo más popular hasta lo más alternativo-, como libros, música, artesanías y juguetes, como sucede con 31 Minutos, demostrando que “la nueva identidad chilena” le inyecta vitalidad a los souvenirs.

TURISMO CHILE: chile.travel

HOTEL SHERATON SANTIAGO: sheratonsantiago.com/Santiago

LA TIENDA NACIONAL: latiendanacional.cl

 

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