Speakeasy Mr. Whisky: Relatos de la época de la prohibición

Por: Viko Lukániko: 

Para conseguir un trago de whisky en Los Ángeles durante la época de la Prohibición, se requería conocer el camino secreto. Speakeasy era el nombre popular dado a los bares clandestinos que servían tragos de whisky o licor a espíritus libres, radicales y sedientos. Fueron tiempos gloriosos para figuras como Al Capone: suministrador de bebidas traficadas desde México o Canadá hasta los puntos de consumo. De igual manera nació un movida bohemia y liberadora donde el jazz sonorizó los 13 años del primer gran experimento social en Estados Unidos conocido como la Ley Seca.

Liga de los santos secos

Wayne Wheeler luce pensativo. El ahogado ignora la taza de té humeante frente a él. Espera la llegada de un reconocido periodista a quien compartirá su pensar sobre la problemática del alcoholismo en Norteamérica. Sentado, contempla el cielo de Ohio; creación de un Dios que le inspira a seguir imparable ante la adversidad. Lentamente voltea y mira el fondo amarillento dentro su taza. Siente una repentina repulsión en la base del estómago; un dolor que le remonta a su juventud. De pronto llega la imagen de su vecino, aquel hombre pestilente arrastrando su cuerpo, sin capacidad de formular una palabra coherente, con ese tufo desagradable que obtienen las personas ahogadas en bebidas alcohólicas, aquel vecino que camina amenazante hacia él, rompiendo su limitado espacio personal para herirlo sin razón alguna con un tenedor. Repulsión fue lo que sintió desde ese episodio hasta el final de sus días hacia aquellas personas delirando por los efectos del alcohol. Convencido, protege con su brazo el manuscrito del manual que presentará al la Liga Anti-Salón, y que eventualmente se convertiría en la enmienda #18 con el nombre de Acta Volstead, prohibiendo la venta y consumo de alcohol un 28 de octubre de 1919 en todo el territorio norteamericano. Como ceremonia de una nueva era, miles de litros de licor serían incautados y desechados al drenaje por las autoridades; el primer sacrificio en honor a la Ley Seca en Estados Unidos. Pero eso el señor Wayne Wheeler todavía no lo sabe, aunque en sus sueños, ya lo vivió.

No hables tan fuerte, todos quieren seguir la fiesta

Las noches en Venice siempre eran especiales, parecía como si las estrellas gustaran detenerse un poco más de tiempo justo ahí. Uno de los speakeasys más populares operaba en esta zona de Los Ángeles, Del Monte Speakeasy, el famoso bar ilegal de Venice, la pequeña Venecia californiana. Todo sucedía debajo del Townhouse, ubicado en la popular avenida de Venice Windward. Para evitar sospechas, su dueño, Cesar Menotti, eliminó todas las bebidas alcohólicas en la planta baja, en completo apego al reglamento de la recién implementaba Ley Volstead, sin embargo en el sótano era completamente otra historia. Como buen comerciante italiano de la época, el signiore Menotti se permitió el derecho a mantener abierta su barra de bebidas y satisfacer la sed de sus invitados especiales en las largas noches de fiesta angelina.

“Ahora vendemos frutas y verduras, de la más alta calidad”, respondía Menotti cuando sus comensales preguntaban sobre su antiguo bar. Sólo pocos sabían de la red de tráfico que se manejaba desde uno de los bares ilegales que lograron sobrevivir a los tiempos de sequía. El viejo italiano se suministraba por una red de contrabandistas, la mayoría venidos desde Canadá, los cuales estacionaban sus barcos a 3 millas de la costa, legalmente fuera de la zona de control de las autoridades norteamericanas, y esperaban pacientes en las noches sin luna.

Pequeñas manchas negras aparecían entre la oscuridad, acercándose hasta el navío donde finalmente se estacionaban lo suficientemente cerca para recibir el cargamento. Whisky, ron, vino. El trasiego era rápido para evitar sospechas de los guardacostas, y regresar sigilosamente hasta la costa de Venice Beach, donde aprovechaban la red de drenaje que alimentaba de agua a los canales de Venice, para traficar el alcohol sin ser detectados. Menotti era un inversionista de aquellas peligrosas expediciones, y Del Monte contaba con trato especial; era el primer lugar en ser despachado durante la noche de entregas. Se pagaba al contado y los distribuidores se alejaban rápidamente para continuar con su ruta ilegal.

Con las botellas de whisky aseguradas, la verbena era segura. Una pareja vestida de gala llegaba hasta Del Monte con el objetivo de iniciar la fiesta; conociendo la clave secreta, se acercaba hasta una abertura al parecer sin mucha razón de ser, y ordenaban sus bebidas. Whisky derecho, un cóctel para la dama. La orden sellada el trato y dos líneas de mecate llevaban el dinero al sótano clandestino desde donde regresaban las bebidas que alimentaban la fiesta nocturna en los fabulosos años 20s de Los Ángeles.

Un trago para mi luna

Aullidos de luna llena. Ella ríe a carcajadas meneando su trago sin derramar gota alguna. Mira al joven de bigote con un trago de moonshine, el whisky de la casa. Murmuran palabras dulces. Sienten próximo el abismo de la locura. Curioso de él, durante el día un civil común en San Francisco, cajero de un renombrado banco. Ella es joven, su voz enciende los meteoros en el espacio exterior. Se reencuentran cada noche en el #430 de la calle Mason, mejor conocido como Coffee Dan, donde sirven los desayunos nocturnos más famosos de San Francisco.

Se debía descender por un tubo hasta el sótano de la cafetería, donde se reunía la crema y nata de los trasnochados amantes de la fiesta. Servían tragos de moonshine, la bebida más abundante durante la época, un whisky destilado con granos de maíz originario de los Apalaches. En este averno, la bebida fluía libremente mientras los jazzistas invitados alimentaban el ambiente con sus libres melodías.

Corre el año de 1928, una noche que se ha infiltrado con su luna hasta el sótano de la cafetería. Frank Shaw está inspirado en su piano mientras ofrece su espectáculo, interactuando con los alegres comensales que participan a gritos al llamado del maestro. Esa precisa noche, con un pequeño equipo de grabación sonoro, se capturó la sesión completa, el alma del lugar, con Frank Shaw y su piano, la soprano, y los tragos de whisky y el jazz desatados en el sótano de la cafetería más jubilosa del muelle, en una grabación que inmortalizó un episodio de la prohibición en California.

Bootleggers de Baja California.

Navegar de noche requiere una pericia especial del capitán y su tripulación, especialmente cuando no se quiere ser detectado. No son tantas las millas náuticas que separan a Ensenada de San Diego. Para los tripulantes del barco Umatilla, un barco con capacidad de 120 toneladas, la Ley Seca en California era una oportunidad de negocios. El tripulante Francisco Regalado, mejor conocido como el Indio, servía como ayudante y guardaespaldas de su jefe y líder de la misión, un tal Percy Hussong, quien lo introdujo como hombre de su confianza en el contrabando de licores.

Gran parte del cargamento de licores llegaba desde Navolato o vía terrestre desde San Quintín hasta el puerto Ensenada, donde se repartía un porcentaje a las cantinas locales, y otra más importante a los barcos contrabandista o bootleggers que llevaban el licor hasta las costas californianas. Y es que no hace falta agregar que el contrabando, aunque peligroso, siempre ha sido un negocio sumamente lucrativo.

Debajo de esa misma luna, una destilería de whisky llenaba sus barricas en un rancho en Tecate. Conocido punto de paso entre Mexicali y Tijuana, su ubicación entre montañas merecía la atención por su calma, buen clima y cercanía con una frontera poco transitada con Estados Unidos. Ese mismo aislamiento, en comparación con los centros urbanos como San Diego o el Valle Imperial, le daba una ventaja única para quien buscase contrabandear whisky, donde los únicos testigos acaso fuesen algunos cóndores bajacalifornianos en los cielos.

La fábrica de whisky de Don Levi operaba con sigilo, sin llamar mucho la atención, como buenos judíos. Sus vecinos apenas notaron las barricas apiladas en su almacén, identificadas con el logo de un pato. No es que fuera problema producir licor en la época del gobernador Abelardo L. Rodríguez, abierto impulsor de dichas prácticas en aras de recolectar impuestos para el tesoro y financiar las diversas obras de infraestructura requeridas urgentemente en un territorio desconectado de las prioridades del centro del país. Sólo que, sabiamente, los Levi decidieron no agitar el avispero, andar con el perfil bajo en una época donde la confianza era un trato de palabra o plomo. Además, nada que un buen día terminara la Ley Seca y les diera por regresar y retirarse con sus ganancias a Estados Unidos. Finalmente, no se equivocaron.

Fin de un era

Ante el desborde de la violencia y el gasto generado por la Ley Seca, el Congreso de Estados Unidos decidió derogar la Acta Volstead un 5 de diciembre de 1933.  Exhausto y derrotado, el abogado Wayne Wheeler se retiró a su casa de campo junto a su querida esposa. Un trágico día, ella fue alcanzada por el fuego de su estufa, y su padre muere de un ataque cardiaco al intentar salvarla. Semanas después falleció la mente detrás de la Ley Seca. Para el signiore Menotti fue fácil la adaptación y las cosas continuaron igual o mejor. Hoy en día, Del Monte Speakeasy es un bar histórico abierto al público con una interesante oferta en mixología. Aquella noche de jazz con Frank Shaw quedó registrada como un documento sonoro histórico de la fiestas clandestinas en la bahía San Francisco durante la época de la Prohibición. En México, continua el contrabando de productos según demande el voraz mercado norteamericano.

Viko Lukániko: Grito en las mañanas para saber si estoy en la dimensión correcta. Cada mañana inyecto al torrente sanguíneo una dosis de café para mantener alerta a este andariego de hueso colorado. Mi aliento huele lúpulo y si te descuidas, me largo a la siguiente mesa a platicar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *