UN GOBERNADOR CONTRA UN BÚHO ACORRALADO

Por Pepe Treviño

Abro una cerveza y leo en internet que una de las cervecerías artesanales más importantes de México y con mayor producción de Tijuana, Cervecería Insurgente, sigue con las cortinas abajo debido a la clausura que implementó el Ayuntamiento de la ciudad fronteriza el pasado 5 de octubre.

Mientras le doy el segundo trago a esta cervecita de estilo Porter leo que el gobierno de la entidad encontró una serie de irregularidades (falta de permisos) durante una inspección al establecimiento que lucía al búho como logotipo, esto a pesar que los propietarios de la cervecería aseguran que presentaron toda su documentación en orden.

– A que bueno se esta poniendo esto. No dudo y me atraganto con mi abundante vaso de cheve al saber que el medio San Diego Red afirma que esto ya se veía venir. Muchos ya sabían que había un pique directo entre el actual gobernador de Baja California, Jaime Bonilla y la cervecería que se ubicaba en la Zona Río de la ciudad fronteriza, a una cuadra del hermano del gobernador, un local que funcionaba como punto de venta y planta de producción.

De reojo veo mi botella y dudo si me sirvo otro sorbo para seguir buscando información acerca de este agarrón que comenzó antes de que Jaime Bonilla encabezara su función como gobernador. Pero efectivamente, durante una reunión que se llevó a cabo el 12 de septiembre de este año, que fue grabada y publicada en su página de Facebook, Bonilla mostraba parte de su músculo político conformado por el nuevo fiscal general del estado Juan Guillermo Ruiz Hernández, funcionarios de seguridad pública y abogados, ellos calladitos mientras el “gober” le declaraba la guerra a la cervecería, refiriéndose a ella como algo realmente importante en su agenda de gobierno, afirmando, textualmente, lo siguiente: “Le molesta mucho a la gente. La gente se molestó porque el ruido es muy fuerte. Está al aire libre”, decía Bonilla. “Hay una queja y me parece bien porque, bueno, la autoridad recae en el nuevo gobierno porque las autoridades actuales fallaron”. También en ese video ordenó al gobierno estatal entrante que investigara el negocio, que se encuentra a solo una cuadra de su vástago, Alberto Bonilla.

No puedo evitarlo y le doy el penúltimo trago a mi licuado de maltas y cebada. Mientras cierro los ojos para disfrutar el sabor de mi cerveza, trato de imaginar como el gobernador hacía toda esa serie de declaraciones mientras, hasta la fecha, Tijuana sufre graves consecuencias en temas de seguridad pública. Imagino como recibió esa noticia donde un ranking declaraba a Tijuana como la ciudad más violenta del planeta según el estudio elaborado cada año por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal. Pero al parecer a Bonilla parecía importarle más esa postura, aguerrida, frente a Cervecería Insurgente, alegando que “esta compañía no tiene permisos…”, “No existe nada para este negocio”, hasta ordenar el cierre de la planta de producción.

Decido cambiar de historia y de cerveza.  Me sumerjo en la web y descubro que Cervecería Insurgente abrió sus puertas en la calle Juan Cordero en el distrito comercial Zona Río de Tijuana en 2014. La fábrica de cerveza fue fundada por los hermanos Iván y Damián Morales y, aseguran sus propietarios, que la cervecería siempre ha contado y cumplido con todos los permisos necesarios para operar.

Pero hoy la historia es otra cosa. Bonilla asegura que “Los permisos que tienen fueron otorgados por un gobierno corrupto”, “La Cervecería Insurgente abusó de sus influencias, por ser sobrino del subsecretario de gobierno y obtuvieron un uso de suelo ilegal, a 40 metros de un hospital, pero el gobierno anterior era con dinero o era con influencias y todo eso se va a normalizar; no pueden abusar de los derechos humanos y los derechos civiles de la gente”. Con esto parece que Bonilla ha ganado la batalla, también afirma que la cervecería podrá tener su permiso pero tendría que ser en una nueva ubicación, “Lo siento, pero este es un gobierno estatal diferente, y estamos haciendo las cosas de manera un poco diferente a la anterior”.

La estrategia pareciera haber sido planeada para reventar a la marca cervecera mexicana. Solo hay que saber que nuestro país es muy costoso elaborar cerveza independiente, los temas fiscales y los monopolios asfixian a los empresarios, pero sin duda no habrá otra opción que mudar Cervecería Insurgente.

A la par de leer esto veo una serie de comunicados compartidos en redes sociales que aseguran que Facebook está siendo utilizado como medio de comunicación para  manifestar su inconformidad. Se trata de Free Insurgente y ha sido creado por parte de los trabajadores de Cervecería Insurgente, quienes están atentos a lo que proponga la comunidad cervecera y creativa de Baja California. Incluso hay usuarios que proponen realizar una manifestación en alguna parte de la ciudad. Ante esta sugerencia, Free Insurgente contestó: “No dudamos que pueda suceder pronto a cómo van las cosas. Pero confiamos en la empatía y recapacite el actual gobierno.” Sin embargo es inminente que el cierre va.

Esto está más turbio que una cerveza NEIPA. Es curioso que el nombre de esta cervecería que evoca a la insurgencia se esté ensuciando con las declaraciones hechas por el gobernador, asegurando que Insurgente operaba bajo el “compadrazgo”.

Y así ha sido el mundo de la cerveza artesanal en México. Aquí los pequeños productores cerveceros han sido actores de importantes cambios en esta industria, han tocado poderosos intereses en México, los negocios y el mercado que estaban controlados por las marcas industriales de cerveza durante décadas. Pero de allí a entrar al mundo de los moches y la tranza hay un espacio tan abismal como lo de un tanque de cerveza lager industrial.

Sin embargo, para mi, el mundo de la cheve artesanal sigue siendo un acto de insurrección, el simple hecho de beberla es ya un acto que permite hacer conciencia y evaluar calidad, precio. Un ejercicio mental que ayuda también a señalar las incongruencias en los discursos gubernamentales, donde se descubre que el apoyo a las micro empresas es un mal chiste, pues el precio nos afecta en el bolsillo de nosotros los consumidores, solo échenle un vistazo a los castigos fiscales que impone el SAT a los cerveceros independientes, o en el peor de los casos inclinando la balanza de los apoyos a marcas cerveceras transnacionales con proyectos que no tienen pies ni cabeza, como sucedió con el ex gobernador Kiko de la Vega al intentar privatizar el agua del valle de Mexicali y ofreciéndole todo el vital líquido a la empresa norteamericana Constellation Brands, incluyendo infraestructura con cargo al erario público.

Ahora si que cada quien ve su vaso de cerveza desde una perspectiva diferente, medio lleno o medio vacío, con mucha espuma o con un líquido que parece más a un recipiente de análisis clínicos. Aunque a muchos solo les importe que haya cerveza en su propia mesa.

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